¿Qué sucede con los Pumas? ¿Se acabó la magia de David Patiño?

Universidad registró su quinto partido consecutivo sin victoria en el Clausura 2018

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Después de iniciar el segundo semestre de la temporada con cuatro triunfos y dos empates que lo colocaron en el liderato del Clausura 2018, Pumas repentinamente se sumergió en una profunda crisis de resultados que parece no tener fondo. La derrota ante Toluca en Ciudad Universitaria con autogol de Marcelo Díaz terminó por matar la ilusión que habían inyectado a los aficionados en las primeras jornadas y agotó la poca credibilidad que había ganado el proyecto del ADN Pumas de Rodrigo Ares de Parga.

Para el choque ante los mexiquenses, y convencido de ello por las actuaciones que vio de sus dirigidos en Copa MX, David Patiño decidió mover sus piezas, aunque no así el planteamiento táctico, para tratar de reencender la chispa que perdió el equipo en aquel partido contra Veracruz a media semana. Porque desde entonces, los Pumas de este torneo volvieron a ser los mismos de 2017: los que solo dieron lástima y arrastraron por todas las plazas del futbol mexicano el cartel de equipo grande e histórico que poco a poco se les comienza a desprender.

Alan Mozo, elemento que ni siquiera está registrado como integrante de la primera plantilla auriazul, Alan Acosta y Alan Mendoza, el flamante goleador del certamen copero a quien Patiño defiende a capa y espada, fueron las soluciones que empleó el estratega felino ante el cuadro comandado por Hernán Cristante. Mozo comprobó una vez más que tiene todas las cualidades para ocupar el puesto de Josecarlos Van Rankin en Liga MX e incluso se desempeñó mejor que el veterano en tareas defensivas; Acosta, por otro lado, demostró que solo necesita más minutos para convertirse en el indiscutible por el flanco derecho; pero el accionar de Mendoza fue irrelevante en todos los aspectos.

El jugador, plurifuncional como le llaman algunos, que solo ha brillado contra el FC Juárez y el equipo B de Lobos BUAP en Copa MX no se estableció como el elemento decisivo capaz de resolver un partido o una eliminatoria, tal y como lo sugirió el técnico auriazul en la conferencia de prensa posterior al partido ante Chivas, y tampoco fue sólido en labores defensivas y de recuperación. La actual crisis de Universidad, es oportuno aclarar, no pasa por el bajo rendimiento de sus laterales como sí sucedió en los dos torneos disputados durante 2017, pero sin duda las posibilidades de los felinos no incrementan ni un mínimo porcentaje cuando Alan Mendoza se encuentra en el terreno de juego.

David Patiño ha experimentado con la línea de 3 defensores a lo largo del torneo cuando tiene la necesidad de sumar más gente al ataque, pero la formación inicial contra los escarlatas fue el 4-4-2 con Quintana y Arribas como centrales, David Cabrera y Marcelo Díaz en el centro del campo, Jesús Gallardo por la banda izquierda y Matías Alustiza y Nicolás Castillo como referentes de ataque. El funcionamiento de Pumas fue estéril, sin idea, sin generación de oportunidades claras para los delanteros y una versión muy distante de la mostrada en el inicio del campeonato.

Jesús Gallardo, pese a que ya no es utilizado como lateral izquierdo, ya no despliega la velocidad y descaro que lo llevaron a Selección Mexicana, David Cabrera continúa siendo solo la sombra del futbolista que conquistó el preolímpico con el Tricolor en el ya lejano 2012 y parece que será por siempre recordado como la eterna promesa del Club Universidad Nacional, mientras que Nicolás Castillo pasa más tiempo tendido en el césped que fungiendo como verdadera amenaza y preocupación para los centrales contrarios. Matías Alustiza, con todo y su veteranía, ha sido lo único positivo de Pumas en lo que va del torneo. Por los botines del argentino pasan las escasas chances del equipo de cara al marco, pero aún así existen muchos que se atreven a asegurar que el ex del Puebla y Atlas no marca diferencia.

¿Se habrá desgastado el discurso del entrenador o el crédito se agotó para la idea de juego? Lo que sucede en el interior de Pumas es un completo misterio, pero lo cierto es que el sueño de David Patiño podría terminarse si los triunfos no regresan a las estadísticas de Universidad, o al menos así lo advirtió Rodrigo Ares de Parga, quien con base en duros golpes ha aprendido que en el futbol del siglo XXI es imposible competir como lo hacía el club bajo el mando de Guillermo Aguilar Álvarez. Lo malo es que el precio de sus decisiones únicamente lo está pagando la verdadera afición auriazul que cada quince días, sin importar el estado de forma del equipo, está presente en el Estadio Olímpico Universitario.

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