Si en realidad le importa su historia, se acabó el margen de error para Pumas en el Clausura 2018

#PorNuestraHistoria ha sido el lema del Club Universidad en un 2018 en el que buscan regresar a los planos del futbol mexicano

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Después de un inicio de torneo que ilusionó a toda una afición, Pumas topó con pared justo a la mitad del Clausura 2018 con tres partidos consecutivos en los que le fue imposible conseguir la victoria en Liga MX.

Tropiezos inentendibles en casa ante Veracruz y Guadalajara y ser humillado por Xolos en la frontera norte del país dejaron a Universidad en el quinto lugar de la tabla con 15 unidades cuando se tuvo la oportunidad de permanecer en el liderato apenas meses después de ser la burla de todo el futbol mexicano. 

Y es que con Pumas hay que ser exigentes. A un equipo grande e histórico de nuestro balompié no le podemos permitir ridículos como los del par de semestres de 2017 y mucho menos debemos ser condescendientes con la institución en el torneo posterior a la etapa más vergonzosa en sus 63 años de existencia. Que Pumas ya registre más puntos en tan solo nueve jornadas que en todo el Apertura 2017 y solo tres menos que los cosechados durante del Clausura 2017 no tiene por qué ser motivo de celebración y tampoco debe ser analizado como algo positivo o como clara muestra de que el proyecto del ADN Pumas de Rodrigo Ares de Parga va por buen camino.

Pumas es un grande del futbol mexicano y se le debe exigir como tal. Los universitarios se merecen ser criticados, o alabados, de la misma manera en la que lo hacemos con los otros tres equipos más populares del país. Cuando de entregar resultados se trata no importa si América, Chivas o Cruz Azul cuentan con el beneficio de las contrataciones estrella o con el respaldo de inversiones millonarias. Lo comprendo, el Club Universidad históricamente se ha caracterizado por trabajar de manera diferente en nuestro balompié, pero ello no lo exime de las obligaciones que tiene con su afición como una de las cuatro entidades de mayor convocatoria. La manera de trabajar de una u otra institución son intrascendentes cuando se persigue el mismo objetivo: ganar campeonatos.

Resguardarse bajo el argumento de que los auriazules no conquistan títulos en primera división con la misma frecuencia que otros porque no dependen del futbolista extranjero o porque no cuentan con un propietario dispuesto a abrir la cartera es traicionar la esencia misma de los Pumas e, inconscientemente, quitarle poco a poco su etiqueta de equipo grande del futbol mexicano. No existe un gigante al que no se le exija ganarlo todo, y los de la UNAM están obligados a ganarlo todo cada semestre, sea Liga, Copa o competiciones internacionales.

Así pues, el aficionado de Pumas tiene prohibido presumir de su cantera cuando mejor le convenga y después quejarse de ella cuando el equipo no marche como esperaba. Aunque cada vez queda más claro que si los universitarios desean continuar siendo considerados como uno de los cuatro grandes de la Liga MX tendrán que alejarse de su fábrica de futbolistas y apostar más por el jugador no nacido en México. Ese fue el rumbo que tomó el futbol hace varios años y hacia allá debe dirigirse Universidad, tal vez, bajo otro modelo deportivo y de negocio que sea más compatible con un grande del futbol mexicano.

Y es que cuando el presidente del patronato, Rodrigo Ares de Parga, declaró en entrevista para Raúl Orvañanos que durante su administración no importaba el resultado del fin de semana y que los frutos de su proyecto serían recogidos a mediano y largo plazo fue puesto en evidencia que no existe forma de trabajo para un equipo de élite más equivocada que esa. El futbol mexicano y mundial ya no es el mismo en el que Guillermo Aguilar Álvarez implementó los ciclos de 4 años para producir futbolistas de cantera y ser un semillero para todo el balompié nacional. Si creen que un servidor está equivocado solo basta con revisar, de nueva cuenta, los resultados de Pumas en 2017, cuando la filosofía era, todavía más marcada que ahora, prescindir de los extranjeros para darle oportunidad a los canteranos.

Por ello, el partido contra el León de Gustavo Díaz de este sábado es fundamental para la temporada del Club Universidad Nacional. Ganar lo haría permanecer, por lo menos, en los cinco primeros lugares de la tabla y representaría mantenerse en la pelea por demostrar que este equipo, como grande del futbol mexicano, desea conseguir su boleto a liguilla como el mejor. No hay más. Así es como Pumas debe encarar cada torneo porque lo más importante es su primera plantilla y no las divisiones inferiores. No me malinterpreten, las fuerzas básicas son el pilar de cualquier institución, pero no deben ser colocadas por encima del primer equipo.

La derrota, aunque no dejaría al cuadro auriazul fuera de la pelea por clasificar a la fase de eliminación directa, sí podría ser un duro golpe de realidad para el plantel, para David Patiño y para Rodrigo Ares de Parga. Y es que si Pumas desea volver a tener el papel de protagonista en la Liga MX debe separarse de la cantera y recibir con los brazos abiertos a los futbolistas extranjeros, a los elementos de calidad que marcarán verdadera diferencia dentro y fuera de la cancha, porque, a final de cuentas, esto solo es un negocio.

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